Apuntes de arte: El arte gótico (II)

Al igual que sucede en el románico, la escultura gótica sigue estando en muchas ocasiones subordinada a la arquitectura, sobre todo en portadas, retablos, sillerías o sepulcros, aunque su valor no está condicionado a la misma. En las grandes portadas, el esquema es muy similar al románico, aunque la Virgen adquiere mayor protagonismo a la hora de ser representada, sobre todo en el parteluz. En el tímpano son frecuentes las referencias al Juicio Final y a la vida del santo a la que está dedicado el templo. El naturalismo gótico dota a las figuras de una inmensa espiritualidad, majestuosidad y serenidad, eliminando la frontalidad románica, arquean los cuerpos en forma de «ese». Son muy comunes las representaciones de la Virgen con el Niño como símbolo de amor o el Cristo Crucificado como expresión del dolor. Al estilo sereno y majestuoso con vestidos sencillos en los que los pliegues caen con naturalidad, propio del siglo XIII, le sucede en el siglo XIV una búsqueda de rasgos de carácter sentimental que acaba por alargar las figuras. A finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se va imponiendo desde Borgoña una corriente mucho más realista de la escultura, de exaltación de lo cotidiano, que termina por individualizar los rostros hasta convertirlos en verdaderos retratos. La estilización, además, da paso a la elaboración de proporciones mucho más realistas del cuerpo humano. No solo en la escultura exenta se aprecian cambios, en relieves y retablos donde también aparece la perspectiva de paisajes, edificios y figuras humanas. 



El naturalismo escultórico francés llegó a su apogeo en el siglo XII con las portadas de las catedrales de Reims, Amiens o Chartres. Aunque otro momento importante tendrá lugar a lo largo del siglo XIV, cuando la escultura francesa evoluciona hacia el llamado gótico internacional, como por ejemplo en el taller escultórico de Dijon -dependiente de la corte de los duques de Borgoña- y en el cual trabajo, entre otros, Claus Sluter, autor del Pozo de Moisés. En Alemania, los escultores captan la intensidad da las escenas dramáticas, así como la fuerza comunicativa y psicológica de los personajes. Son además muy frecuentes los retratos como el Caballero de la catedral de Bamberg o los Donantes de la catedral de Naumburgo. Los talleres italianos trabajaron el mármol, persistiendo los modelos clásicos. Destacan escultores como los hermanos Nicolas y Giovanni Pisano con su trabajo en el conjunto de la catedral de Pisa, como por ejemplo los relieves del Baptisterio. 

En España, en el siglo XIII podemos destacar las portadas de la catedral de Burgos y de León. En Burgos, la puerta del Sermental tiene como iconografía principal el tema románico del Pantocrátor acompañado con los símbolos de los evangelistas. En el claustro, hay una buena muestra dle realismo idealizado con la representación de Alfonso X y doña Violante. La decoración de la catedral de León corrió a cargo de un taller vinculado a la escuela francesa, por lo que la triple portada principal con la Virgen Blanca del parteluz y la representación del Juicio Final, con la Virgen y San Juan en el tímpano, tienen una conexión con las catedrales de Reims y Amiens. En el siglo XIV hay una gran actividad escultórica en el este peninsular, principalmente en la Corona de Aragón, donde podemos destacar conjuntos como los de los sepulcros de Pedro el Grande, Jaime II y Blanca de Anjou en Santes Creus o los retablos de Cornellá de Conflent. A lo largo del siglo XV se vive probablemente uno de los mejores momentos de la escultura española, destacan en Navarra los sepulcros de Carlos el Noble y Leonor de Castilla, en Aragón el retablo mayor de la catedral de Tarragona y el bancal de la Seo de Zaragoza y, en Castilla el retablo de la Cartuja de Miraflores, los sepulcros de Juan II e Isabel de Portugal (Burgos), el Doncel en la catedral de Sigüenza o la sillería del coro de la catedral de Toledo. 



La catedral gótica con predominio de vanos y ventanales en muros, dejaba poco espacio para la decoración pictórica en muros. En cambio, era un lugar adecuado para vidrieras, que básicamente son láminas de vidrio organizadas en torno a un armazón de plomo, con figuras sin volumen, pero con un dibujo refinado, casi de miniatura. La policromía suele ser preciosista con colores fuertes como el rojo, azul, verde o amarillo. Destacan las vidrieras francesas y españolas, aunque se desarrollaron a lo largo de todo el continente europeo. Solo en Italia, donde nuca se alcanza una gran verticalidad, sobrevive el gusto por la pintura mural. La pintura gótica es, generalmente, una pintura religiosa centrada en la decoración de altares y retablos, por lo que solía realizarse sobre tabla. El fondo de las tablas es dorado expresando lo místico y lo divino, las figuras son estilizadas e idealizadas, los rostros son dulces y serenos con cierta influencia bizantina. La escuela florentina del Trecento (siglo XIV) tiene al pintor Cimabue como gran representante. Fue maestro de Giotto, que es probablemente, el gran maestro de la pintura gótica florentina y que destaca por representar la concepción del espacio de forma naturalista, rompiendo con la estilización bizantina. Además, capta el drama y el sentimiento humano, implantando monumentalidad y volumen en las figuras como en la Virgen en el trono o el Prendimiento de Cristo. Por otro lado, la escuela de Siena tiene una pintura delicada y elegante, con estilizadas figuras y la utilización de una bella gama de colores representada por Duccio, Simone Martini y los hermanos Lorenzetti. A finales del siglo XIV se inicia el conocido como estilo internacional, de una fusión de influencias de la escuela de Siena, la pintura flamenca y la escuela francesa. Tendrá una fuerte acogida en Europa Occidental hasta finales del siglo XV destacando entre otros el pintor francés Fouquet (Retrato de Carlos VII).



Mientras en Italia ya se desarrollaba una nueva etapa pictórica en el Quattrocento -el Renacimiento-, en los Países Bajos surge una escuela conocida como los primitivos flamencos (siglo XV). La gran novedad de esta escuela es la introducción del empleo de pintura sobre óleo, posibilitando figuras de gran minuciosidad, detallismo, viveza y colorido. El tipo más corriente de retablos flamencos es el tríptico, esto es una tabla central grande y dos laterales que funcionan como puertas. La mayoría de los temas son religiosos, tratados de manera realista y con un cierto carácter simbólico que refleja fielmente el ambiente en un tono de vida cotidiana. Es un nuevo estilo demandado por los nuevos clientes, la burguesía y los comerciantes de las ciudades del sur de Holanda. Los iniciadores de la escuela flamenca son los hermanos Humbert y Jan van Eyck, autores del políptico de la Adoración del Cordero Místico para San Bavón de Gante. Una obra que representa en su parte superior de la tabla central a Cristo, la Virgen y San Juan y, en el interior, en la pradera celestial, el altar con el Cordero Místico rodeado por los ángeles cantores y, en primer termino, la Fuente de la Vida con numerosos religiosos y civiles que acuden a la adoración. Jan van Eyck es conocido por realizar tablas con grandes figuras interiores y paisajes reales minuciosamente narrativos, impregnados de naturalismo y realismo como por ejemplo la Virgen del Canciller Rollin o el Matrimonio Arnolfini. La tradición del estilo flamenco la sigue, en la segunda mitad del siglo XV, Roger van der Weyden que incorpora temas marianos perfectos en la expresión trágica, juego de líneas y estilización de figuras como por ejemplo en su Descendimiento, Hans Memling con su Adoración de los Magos o Hugo van der Goes su tríptico de Portinari donde capta la profunda sensibilidad de los pastores. El artista más destacado del siglo XVI, heredero de esta corriente, es Jeronimo van Aecken, conocido como el Bosco, realizando obras fantásticas, imaginativas y surrealistas impregnadas de un gran espíritu medieval, con visiones infernales, pecados (Tentaciones de San Antonio), tratados con sentido humorístico y burlesco (El Jardín de las Delicias, El carro de heno).


En España, hasta finales del siglo XIII estuvo arraigada la pintura mural románica y no será hasta el siglo XIV cuando se empiece a difundir la pintura de distintas corrientes góticas como la pintura florentina y sienesa, especialmente desde Cataluña. Durante el siglo XV surgen en la pintura española dos tendencias, el gótico internacional y la pintura flamenca. El estilo internacional hace su aparición en Europa a finales del siglo XIV y principios del XV. Se basa en la estilización de las formas, en una especial atención a la expresividad y en una línea fina y curva. En la península Ibérica destaca Bernat Martorell con el retablo de San Jorge, con una composición llena de movimiento y delicada policromía. En Castilla, la influencia italiana se hace patente con Nicolás Francés y su retablo de La Boñeza, de gran elegancia narrativa, y Dello Delli, también llamado Nicolás Florentino, que encabezó los trabajos del retablo y la bóveda de la catedral de Salamanca. La influencia de la pintura flamenca es intensa a partir de la segunda mitad del siglo XV, cuando Luis Dalmau -que trabajó en el taller de van Eyck- realiza La Virgen de los Consellers. Aunque seguramente, el pintor catalán más representativo de este periodo sea Jaume Huguet, autor entre otros del retablo de San Abdón y San Senén. También destacó por su trabajo pictórico a lo largo de la Corona de Aragón el pintor Bartolomé Bermejo. Llama la atención su pintura enérgica y vigor plástico como en La Piedad del arcediano Desplá o su Santo Domingo de Silos. Por otro lado, en Castilla destaca Fernando Gallego que es capaz de captar el sentimiento trágico así como la construcción plástica de paisajes y personas en algunas de sus obras, La Piedad o La degollación de Santa Catalina, entre otras.

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